Hoy, más que antes, en la escucha de los pacientes que lamentablemente han sido infectados por el virus SARS COV 2 o perdido algún ser querido, se detecta una angustia latente de muerte, una ansiedad flotante e incluso síntomas físicos que deterioran su estado anímico.
Y es que, en el presente escrito, queremos hacer conscientes a las personas sobre lo vivido. Todos estamos en este barco, y nadie está exento de hundirse. Aún estamos viviendo un choque exterior, que por supuesto, termina impactando todo nuestro interior. Las medidas de salud externas ya son conocidas: lavado de manos constante, uso de cubrebocas, uso de gel antibacterial, distanciamiento social y de preferencia aislamiento. Pero ¿y la indicaciones para un cuidado interno por qué no se mencionan? Mientras más se alarga la pandemia, mayor agonía nos hunde. La angustia aflora por muchas razones reales y nadie nos dice qué debemos hacer con ella. Al parecer, esto es un pequeño reflejo de como la sociedad sigue sin prestarle la debida atención a lo que vivimos y sentimos internamente; sino que el foco está centrado en regresar a una cotidianeidad que permita tener el flujo de vida externo ya conocido.
Pero como mencionábamos anteriormente, los casos Post Covid en temas de salud mental aumentan, y con justa razón, no estamos hablando de una sintomatología habitual. Incluso hablamos de un virus que hemos asociado a muerte. Es una dualidad muy latente “Covid-muerte”, cuyo significado tiene tal peso que en nuestro psiquismo comienza a hacer estrategos sin haberlo presentado dentro de mi organismo. Es esa angustia latente por mi cuidado, por el cuidado del otro, de un ser querido, por la economía, por si contraigo el virus, o peor aún, por pensar cuándo voy a contraerlo y qué me pasará mientras esté presente en mí.
Estamos en el limbo de vivir entre el duelo y la melancolía. Entendidos estos conceptos desde la visión Freudiana. El duelo se vive y se percibe, sea real o imaginación, al saber que estamos perdiendo un objeto amado. Sin embargo, un desencadenamiento que empieza a presentarse es la melancolía, cuyo significado surge de la pérdida de un objeto, pero en el escenario no solo perdemos al objeto amado, sino también algo de nosotros se va con él y sabemos que no volverá. Es padecer por eso que no sabemos que se fue. Justo como hoy en día lo estamos sintiendo.
No queremos caer en una postura nihilista o catastrófica, es simplemente hacer consciente el escenario que tenemos hoy en día para, a partir de ahí, construir una línea de trabajo con uno mismo.